POR QUÉ TE AMO TAN
PROFUNDAMENTE?
Porque lo que tú eres, también lo soy yo.
Todo lo que eres en el espectro de tu ser, yo soy, pues yo soy el
espectro desde el cual contemplas y creas tus ilusiones. El Yo Soy
el que yo soy, es amor que trasciende la expresión común aquí, ya
que no tiene condiciones ni obligaciones. Yo te amo simplemente por
lo que eres, porque quien tú eres, cualquiera que sea tu expresión,
es el Padre que yo amo tan profundamente.
Ahora, deseo hablarte sobre lo que tú
percibes como tus equívocos y fracasos.
Al crear el hombre la noción de lo bueno y
lo malo, lo perfecto y lo imperfecto, también ha creado las trampas
llamadas culpabilidad y remordimiento que han hecho siempre tan
difícil progresar en la vida. Pero yo te digo: cualquier cosa que
hayas hecho a través de la virtud de tus muchas vidas en este plano
nunca ha sido mala, ni tampoco buena. Ha sido simplemente
una experiencia de la vida que te ha ayudado a llegar a ser quien
eres ahora, y eso es, en verdad, la cosa más preciosa y
maravillosa. Porque tú eres en este ahora, lo más grandioso
que has sido nunca desde que empezaste este camino extraordinario,
ya que tu sabiduría es mayor de lo que nunca ha sido.
Todo lo que tú has hecho, yo también lo
hice. Y cada uno de tus errores, yo cometí los mismos. Y todo
aquello que has juzgado en ti por carecer de fuerza y virtud, yo
también lo juzgué. Pero yo nunca habría conocido la fuerza de mi ser
si no hubiera conocido mi debilidad. Nunca habría amado la vida si
no la hubiera visto desprenderse de mí. Y nunca habría sido capaz de
abrazaros a todos vosotros si no hubiera despreciado la crueldad del
hombre.
Cualquier cosa que hayas hecho, por vil o
miserable que haya sido, la hiciste simplemente con el fin de crear
un aprendizaje para ti mismo. Y a lo largo de ese aprendizaje te has
dañado, dolido, entristecido, y te has degradado a ti mismo y, sin
embargo, te has elevado por encima de ello, porque aquí estás ahora,
dispuesto a conocer y abrazar la belleza que tú eres.
Todos aquellos en lo que sientas que has
fallado o hecho algo malo, deseo que observes lo
siguiente:
Desde el momento de tu nacimiento, tú y tus amados
hermanos emprendisteis una gran aventura hacia el entendimiento
emocional de todo el pensamiento; pensamiento a pensamiento. Tu alma
fue creada para almacenar la emoción de cada pensamiento cada
dimensión de Dios que aceptaste a través del Dios o espíritu de tu
ser. Cada pensamiento que aceptaste y sentiste en tu alma, pero que
aún tengas que entender completamente, tu alma te presionará a
experimentarlo. ¿Para qué? Para obtener el entendimiento emocional
completo de todos los aspectos de ese pensamiento, visto sólo a
través de la virtud de la experiencia, que es la virtud llamada
vida.
Has sido impulsado a lo largo de la
eternidad a evolucionar y a extender la vida hasta la creatividad, y
a experimentar cada manifestación de esa creatividad, desde el
pensamiento hasta la luz, hasta la materia, hasta la forma y otra
vez de vuelta hasta el pensamiento; desde el amor y la alegría,
hasta la envidia, el odio y la tristeza, y de nuevo a la alegría. Tu
alma te ha impulsado de experiencia en experiencia, de aventura en
aventura, para poder realizarse a sí misma con el entendimiento
completo de cada forma de pensamiento cada actitud, cada emoción
para que así puedas conocer y entender la totalidad del pensamiento,
que es la totalidad de Dios, la totalidad del Yo.
Tu alma anhela todo aquello que no ha
experimentado. Cuando tu alma anhela una experiencia, ello significa
que necesita información emocional sobre esa
experiencia.
Por eso, tu alma creará un sentimiento llamado
deseo que cautiva la totalidad de tu ser y te impulsa hacia una
aventura, una experiencia. Entonces, cuando la experiencia ha
terminado y las emociones se calman, has obtenido, gracias a esa
experiencia, un tesoro mucho más valioso que todo el oro de este
plano, te ha hecho avanzar hasta la sabiduría; lo cual indica que tu
alma dice que ya nunca más tendrás que experimentar eso otra vez,
pues has adquirido todo el entendimiento de ello. Entonces, tu alma
perseguirá otro anhelo, y serás impulsado a hacer otras cosas,
porque lo necesitas, lo quieres, porque el fuego dentro de ti te
impulsa a experimentar toda la vida.
Ahora, ¿piensas que alguna vez te
aventuraste a experimentar algo sabiendo que te haría daño o que
ibas a fracasar? No. Siempre te has embarcado en cada aventura con
gran curiosidad, interés y placer. Y aunque al principio el
resultado era un tanto incierto, la emprendiste simplemente porque
nunca lo habías hecho antes. La experiencia era nueva y excitante y
querías aprender de ella. Y aunque la aventura pudo causar dolor,
eso te ayudó a comprender la emoción llamada «dolor», lo que aumentó
tu entendimiento de la vida. Así pues, esa experiencia tuvo un
propósito en tu vida. Luego te embarcaste en la siguiente aventura
que tu alma te impulsó a experimentar, para vivir otra aventura en
la emoción y el entendimiento. Y eso te proporcionó más felicidad y
realización en tu alma.
Cada cosa que haces, en el preciso instante
en que la estás realizando, sabes en tu alma que la experiencia es
buena para ti. Es sólo después de haber experimentado la aventura, y
los sentimientos derivados de ella se han transformado en sabiduría,
cuando averiguas que quizás lo hubieras podido hacer mejor o de otra
forma. Pero nunca habrías sabido que había un mejor camino si no te
hubieras embarcado primero en la experiencia y obtenido de ella la
joya de la sabiduría. ¿Y debe alguien ser juzgado por eso? No,
porque eso se llama inocencia, y también educación.
El fracaso es una realidad sólo para
aquellos que creen en él. Pero nadie realmente fracasa en la vida.
Jamás. A pesar de cada cosa que hayas hecho, ya sea miserable,
despreciable o a escondidas que realmente no lo es, sigues vivo, y
eso es algo milagroso. Fracasar significaría detenerse, sin embargo,
nada puede parar, porque la vida es siempre continua; avanza a cada
momento. Por eso, nunca puedes permanecer estancado o retroceder en
la vida, ya que cada momento de la expansión continua de la vida
siempre trae más y mayor entendimiento.
Tú nunca has fracasado. Siempre has
aprendido. ¿Cómo podrías saber lo que es la felicidad si nunca has
sido infeliz? ¿Cómo sabes cuál es tu meta sino una vez que la
alcanzaste y te diste cuenta de que era un color diferente del que
habías imaginado?
Tú nunca has cometido ningún error.
Jamás. Nunca has hecho nada malo. De qué te sientes culpable? Todas
tus equivocaciones, tus fracasos y tus errores son lo que se llama,
apropiadamente, «pasos hacia Dios», paso a paso. Y sólo has llegado
a saber todo lo que ahora sabes a través de haber dado todos los
pasos.
Nunca te sientas culpable de aprender. Nunca te
sientas culpable de saber. Eso se llama iluminación. Debes entender
que has hecho lo que necesitabas hacer; todo fue necesario. Y
tomaste todas las decisiones acertadas, todas. Tú vivirás mañana y
también el bendito día que le seguirá, y todos los siguientes. Y lo
que descubrirás en esos días es que sabes más de lo que sabes hoy.
Sin embargo, el día de hoy no es un error; te guiará hasta la
eternidad.
Tú
tienes la opción de crear tu sueño de cualquier manera que
elijas.
Pero como quiera que lo crees, para tu
propio entendimiento emocional, estás añadiendo algo a la totalidad
de la conciencia en todas partes; nunca le quitas, nunca puedes
quitarle. Cada aventura que emprendes felizmente añade algo al
fervor e intensidad de la vida.
Cada pensamiento que abrazas, cada ilusión que
experimentas, cada descubrimiento que haces, cada cosa vil y
miserable que haces amplía tu entendimiento, que a su vez alimenta y
amplía la con ciencia de toda la humanidad y expande la mente de
Dios.
Si piensas que has fracasado en la vida o
hecho algo equivocado, disminuyes tu capacidad de percibir tu propia
grandeza interna y externa, y tu importancia para la totalidad de la
vida. Nunca desees suprimir nada de tu pasado ni una sola cosa
porque la ficción de todas tus experiencias, sublimes o
desgraciadas, ha producido dentro de tu alma las magníficas y
hermosas perlas de la sabiduría. Esto quiere decir que ya nunca
tienes que volver a soñar esos sueños, ni crear esos juegos, o
experimentar esas experiencias, pues ya las has experimentado y
sabes lo que se siente, tienes en tu alma su información; se llama
sentimientos, el tesoro más auténtico de la vida.
Yo estoy aquí para decirte que se te ama
incluso más allá de lo que entiendes que es el amor, pues siempre se
te ha visto como un Dios que lucha por entenderse a sí mismo. Y de
cada experiencia de todas tus vidas, has adquirido conocimiento,
sabiduría; has dado algo al mundo, has añadido algo a la virtud de
la vida que se despliega.
Tu vida ha sido un maravilloso
espectáculo del fuego que vive dentro de ti. Debería ser contemplada
con reverencia, santidad y divinidad. Porque sin importar lo que
hagas, siempre eres Dios. Sin importar la máscara que lleves, eres
Dios. No importa qué tipo de relación estés experimentando, sigues
siendo Dios.
Tú eres merecedor de las aventuras de esta
vida, de cada una de ellas. Y más aún, eres merecedor de las
espléndidas aventuras que todavía te esperan. Pero nunca te
convertirás en el Yo Soy ni entrarás por las puertas de la eternidad
hasta que te des cuenta de que todo lo que has hecho, lo has hecho
simplemente para adquirir la comprensión del Dios que eres, que se
demuestra aquí y ahora por la virtud de todas tus experiencias sobre
la plataforma llamada vida.
Así que tú, que llevas un abrumador bagaje
de cargas sobre tus espaldas, si eso te hace feliz, que así sea.
Pero si has aprendido todo lo que se puede aprender de ellas y estás
cansado de ellas, deshazte de ellas. ¿Cómo? Amándolas, abrazándolas
y permitiéndoles vivir en tu ser. Cuando hayas hecho eso, no te
retendrán nunca más. Y a partir de ahí, la maravilla de la vida
puede verse con ojos claros, el amor puede sentirse sin juzgarlo, y
la alegría de ser se convierte en el poder del saber interior
ilimitado.
Abraza tu vida. Sabe que eres divino y
que la fuerza de tu ser está ahí gracias a todo lo que has hecho.
Termina con la culpabilidad. Termina con la farsa de la pena por uno
mismo. Deja de poner cargas sobre ti mismo. Deja de echarle la culpa
a los demás. Toma las riendas. Te pertenece.
Ahora, ¿qué ocurre cuando has abrazado todo
lo que has juzgado, amado todo lo que has despreciado, vivido todas
tus ilusiones y perseguido todos tus sueños? Puedes mirar a otros
que están experimentando estas mismas cosas para su aprendizaje, y
puedes entenderlos y sentir compasión por ellos. Entonces, puedes
amarlos como el Padre te ama y permitirles la virtud de las
experiencias de sus propias vidas. Entonces te conviertes en lo que
tú llamas un santo.
¿Cómo crees que llegas a ser un santo?
Ciertamente no absteniéndote de la vida, ni escondiéndote en una
cueva o un templo quemando incienso, o sentándote en lo alto de una
montaña contemplando Dios sabe qué. Te conviertes en santo sólo
viviendo la vida que es el Padre y experimentándola hasta sus
límites, para que la virtud de la sabiduría culmine en una entidad
capaz de abrazar la totalidad de la humanidad y amarla.
La única manera de conocer y convertirse en
Dios es vivir y abrazar la vida plenamente, experimentar todas las
situaciones, sentir todas las emociones, realizar cada acto, sea
sublime o miserable, para que tu alma posea la sabiduría de toda la
vida dentro de sí.
Nunca sabes lo que sufre el rey hasta que
eres un rey. Y el rey nunca conoce la humildad de su sirviente hasta
que se convierte en un sirviente. Y la mujer piadosa no conoce la
miseria de la concubina hasta que se convierte en ella. Y la
concubina no conoce el juicio de la mujer casta hasta que lo
es.
Por eso, el camino hacia una vida virtuosa
lo abarca todo. Incluye cada personaje, cada situación ilusoria
creada dentro de la conciencia del hombre. Por eso, las entidades
más nobles y más sabias han vivido cada situación creada por las
aventuras de la humanidad. Ellos han sido la prostituta y el
sacerdote, el gurú y el granjero, el asesino y la víctima, el
conquistador y el conquistado, el padre y el hijo.
Ves, sólo condenas en los demás lo que no
puedes aceptar en ti mismo. Si has vivido todas las situaciones y
encontrado paz en ellas, entonces es fácil entender a otros y
permitirles ser, sin juzgarlos, porque tú has sido ellos, y sabes
que si los juzgas a ellos te estás juzgando a ti mismo. Entonces
adquieres la virtud de la verdadera compasión, y las profundidades
del amor existirán dentro de tu alma. Entonces serás, en verdad, un
Cristo, porque entiendes, amas y perdonas a tus amados hermanos en
sus limitaciones.
Amar al Padre en su totalidad, ser su
totalidad, es amar todo lo que él es.
Y esos amados hermanos a tu alrededor son
todo lo que él es. No importa cuál sea su aspecto, ellos son Dios en
su realidad así como tú lo eres en la tuya. Y cuando hayas vivido
toda su gloria, todas sus luchas, toda su tristeza y toda su
alegría, entonces puedes abrazar a Dios visto en toda la gente.
Entonces puedes amarlos. Eso no quiere decir que debas predicarles o
socorrerlos. Simplemente déjalos ser y permíteles evolucionar de
acuerdo con sus propias necesidades y designios. Hay aquellos cuyo
destino es ser señores de la guerra, sacerdotes o gente en el
mercado, porque eso es lo que necesitan y quieren hacer. ¿Quién eres
tú para quitarles eso?
Cada uno en este mundo ya sea un hambriento,
un lisiado, un granjero o un rey ha elegido su experiencia con el
propósito de aprender de ella. Sólo cuando haya aprendido de ella y
esté satisfecho con ella, pasará a otra experiencia, que le brindará
una comprensión aún mayor de su Yo más profundo.
Cuando te conviertes en un maestro, puedes
caminar entre el lodo y las tinieblas de la conciencia limitada y
conservar tu totalidad, porque entiendes a las grandes masas y el
por qué de su manera de ser, pues una vez tú fuiste así. Les
permitirás la libertad de ser limitados y eso es amor verdadero
porque sabes que esa es la única manera como pueden aprender a tener
un entendimiento ilimitado y a amarse unos a otros, lo cual es, de
hecho, amarse a sí mismos totalmente. Y cuando veas la cara de otro
en la muchedumbre sin importar su color, limpieza o apariencia
mirarás a la entidad y verás a Dios en él, porque si miras lo
bastante cerca encontrarás a Dios en cada uno. Entonces amas como el
Padre ama; ves lo que él ve, no sólo en ti, sino en todos los demás.
Cuando puedes mirar a todos y ver la belleza que son, estás en el
camino que asciende de este plano hasta un espacio más amplio donde
existen muchas moradas. Pero las puertas están cerradas para aquél
que no puede aceptarse plenamente a sí mismo y al Dios que vive en
toda la vida a su alrededor.
Cuando sitúes a la gente en el lugar donde
pertenecen, en su Dios fuente, sabiendo que sin importar lo que
hagan, están viviendo para el Dios dentro de sí mismos así como tú
vives para el Dios dentro de ti entonces puedes aprender a amar a
toda la gente.
Cualquiera que sea su expresión, ahora puedes,
por primera vez en tu existencia, amarlos verdaderamente, pues tu
amor no está gobernado o restringido por el juicio. Y así es en
verdad, como es un Cristo el hombre que vive como Dios dentro de su
ser.
¿Cuál es tu camino en la vida? Seguir
siempre tus sentimientos, escuchar a los sentimientos de tu alma y
lanzarte a vivir las aventuras que tu alma te impulse a
experimentar. Tu alma, si la escuchas, te dirá lo que necesitas
experimentar. Si te sientes aburrido o no tienes deseo de hacer
algo, ello significa que ya lo has experimentado, que has adquirido
la sabiduría de esa aventura. Pero si quieres hacer algo, esa
urgencia dentro de tu alma significa que debes vivir la experiencia
y su virtud. Si te abstienes de ella, sólo estás posponiendo la
experiencia hasta otro momento y otra existencia.
Vive la verdad de lo que sientas dentro y
ama a quien está sintiéndolo. Entiende que el sentimiento debe ser
expresado y satisfecho. Cuando quieras hacer algo, sin importar lo
que sea, no es sabio ir en contra de ese sentimiento, pues hay una
experiencia esperándote y una gran aventura que hará tu vida más
dulce. Si escuchas a tus sentimientos, siempre estarás haciendo lo
más apropiado para la evolución de tu hermoso ser hacia la sabiduría
profunda. Es cuando vas en contra de tus sentimientos cuando sufres
la enfermedad, la neurosis y la desesperación.
Sigue a tu corazón, a tus sueños, a tus
deseos. Haz lo que tu alma te pida que hagas, no importa lo que sea,
y hazlo hasta el final; entonces continuarás con otra aventura.
Nunca serás juzgado a menos que aceptes los juicios de aquellos a tu
alrededor. Y si aceptas su juicio, es únicamente tu voluntad hacer
eso por la experiencia.
Llegará un momento, en esta vida o en las
próximas, en el que habrás alcanzado ese punto donde ya no tienes el
deseo de hacer esto o aquello, sino simplemente «ser». Nunca más
maldecirás o juzgarás a la prostituta, al ladrón, al asesino o al
país que está en guerra Habrás vivido todas esas cosas y sabrás lo
que se siente al serlas. Estarás tan completo con las experiencias
de este plano, que ya no habrá nada que te arrastre otra vez aquí
para experimentar. Entonces partirás hacia nuevas aventuras en
planos superiores de existencia.
Cuando contemples lo que te acabo de decir,
percibirás y entenderás un valor en ti mismo que es la demostración
intencional del Dios poderoso, el fuego y la vida que tú
eres. También entenderás que cualquier dirección que tomes
en la vida, ese va a ser el camino hacia tu iluminación. Y por cada
aventura a lo largo del camino, obtendrás una percepción mayor del
misterio que eres. Llegarás a amar lo que eres, a acariciarlo y a
pulirlo, hasta que la luz de tu ser pueda competir con la gran Luz
del firmamento y la paz de tu ser pueda competir con la medianoche,
cuando todo está tranquilo en la Tierra. Nunca más te negarás a ti
mismo. Nunca alterarás lo que eres, ni juzgarás lo que eres.
Permitirás aquello que has de ser.
Cuando
amas lo que eres, puedes decir con gracia, dignidad y poder humilde:
«Amo al Padre inmensamente, porque el Padre y yo somos uno. Y amo lo
que soy inmensamente, porque el Yo Soy que yo soy es la esencia de
todo lo que es». Entonces estás en armonía con el flujo de la vida.
Eres un maestro que camina sobre este plano. Eres el Cristo
resucitado, el Cristo que ha despertado. Eres una luz para el mundo.
Sin embargo, no podrás convertirte en eso hasta que ames y abraces
todo lo que has hecho y te des cuenta de que todo fue por el bien de
tu vida, porque ello te ha transformado en la magnífica entidad que
eres en este día.
Te he dado una gran enseñanza y lo he
hecho de forma grandiosa, pues te libera del karma, del pecado, del
juicio y el castigo. Porque el Padre es amor. Y el Padre carece de
juicios, no es ni bueno ni malo, positivo o negativo. El Padre es
simplemente el Ser que es. Y ese Ser abarca a toda la gente, todos
los actos, todos los pensamientos y todas las emociones; todas las
cosas. Si el Padre pudiera juzgarte, ciertamente se estaría juzgando
a sí mismo, pues tú y él son uno mismo.
Así que el amor de Dios llamado vida,
siempre te ha sido dado. A pesar de todas tus experiencias
miserables, el sol aún sale y baila en los cielos. Las estaciones
aún vienen y van. Las aves silvestres aún vuelan hacia el cielo del
norte. Y el pájaro nocturno aún grita en la noche mientras tú
cierras los postigos de tu habitación. Es en la continuidad de todas
estas cosas donde, si miras, te darás cuenta del perdón y la
eternidad que la vida siempre te ha concedido.
Deja esta audiencia con un corazón alegre
y lleno de amor, porque tus cargas han dejado de serlo, tu redención
es segura. Sabe que Dios te ama y siempre lo ha hecho. Sabe que no
eres ni malvado ni bueno. Sabe que no eres ni perfecto ni
imperfecto; que simplemente eres. Cuenta con el Padre en tu vida,
porque él siempre ha estado ahí. Y cuando contemples el amor piensa
en mi... y el viento surgirá de la nada.
Ramtha.
El
Verdadero feminismo consiste en reivindicar las
corazonadas.